Un estado nunca podrá convertirse en iglesia. Una ideología nunca podrá convertirse en religión. Un dictador nunca podrá convertirse en Dios.Se dice que, una vez, de entre todos los ángeles de Dios, destacaba uno, alguien que era casi perfecto. Pero sus destacadas cualidades traían consigo un gran defecto: la envidia. La posibilidad de llegar a ser perfecto, de igualarse a Dios, produjo en su interior un sentimiento de envidia, de insurrección ante su Dios, de querer llegar a ser algo que no le correspondía. Su envidia sucumbió ante la perfección de Dios, y fue expulsado, desterrado a la Tierra. Así es como surgió el Demonio, el Mal.
Zadlander
El Demonio, el Mal, una vez desterrado en la Tierra, siguió queriendo ser Dios. Y a este sentimiento de envidia se le sumó otro, causado por su caída: la venganza. Armado con una lengua viperina y palabras envenenadas, se encarnó en distintos personajes, famosos dictadores, Hitler, Lenin, Stalin, Kim Il-sung, Mao Tse-Tung... que dominaron estados que convirtieron en su propia iglesia, que debía adorarles únicamente a ellos, que formaron una ideología, el socialismo, que intentó acabar con la religión para sustituirla, unos dictadores que quisieron acabar con la idea de Dios para convertirse en unos dioses opresores, para acumular el poder en ellos, para controlar a una masa de pobres, el proletariado, para cumplir el sueño del Mal, para arrodillarse ante Satán.
Desde entonces, como podemos ver estas semanas con el Valle de los Caídos, el socialismo, con el Estado como arma, ha hecho todo lo posible para terminar con el Cristianismo. El Estado se entromete cada vez más en los asuntos de la Iglesia. El matrimonio es una institución puramente religiosa, ya que fuera de la fe carece de sentido. Sin embargo, ahí están los matrimonios civiles, los homosexuales, los transexuales, y la aberraciones esas de los bautizos y comuniones "florales".
En esta democracia actual, con el PSOE, la supuesta separación entre Iglesia y Estado es más bien una cacería en la que los sacerdotes son los conejos y los ministros unos cazadores, y si no preguntadle al ex-ministro Bermejo. Nada ha cambiado, y ahora le toca la hora a los separatistas catalanes para rematar la faena y darle la estocada final a esta España que, debido a sus gobernantes incompetentes y a sus guerras internas, pasó en un abrir y cerrar de ojos de ser la primera potencia mundial a ser un país aparcado en doble fila delante del Parlamento Europeo.



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