Hasta siempre (blog cerrado)

Derecho a vivir frente al derecho a matar

Vivimos en un mundo bastante irónico. Fijaos qué irónico será que los mismos que luchan en contra del maltrato animal o de la pena de muerte, por ejemplo, tienen una extraña tendencia al asesinato de humanos inocentes; hablo, claro está, del aborto y de los progresistas que prefieren defender antes al lince ibérico que a sus propios hijos.

La excusa es la de siempre: «tenemos derecho». Pero derecho... ¿a qué? ¿Por qué no lo llaman por su propio nombre? ¿Derecho a asesinar a seres humanos? Siempre saldrá alguna Bibiana Aído diciendo que no hay ninguna prueba científica de que un embrión humano sea un ser humano (#enlace), demostrando la volatilidad de sus argumentos y sus cerebros. Basta con buscar aborto en Google Imágenes para encontrar cientos de pruebas de lo que es un aborto.

La Iglesia, como siempre, se tiene que encargar de la defensa de los débiles. Mientras, hay gente que considera un retroceso restringir las leyes abortivas; estoy seguro que los nazis consideraron un retroceso también la prohibición de los experimentos con judíos. Como siempre he dicho, se debe evitar a toda costa lo polémico, y la ley del aborto aprobada por el PSOE, y que por fin va a desaparecer, era de lo más polémico. Al final todo se reduce a una cuestión de prioridades, la superioridad de un derecho sobre otro. Supongo que aquí estaremos todos de acuerdo en que el derecho al descanso de un barrio es más importante que el derecho a tener un coma etílico de los botelloneros. En esta situación sucede lo mismo: ¿qué tiene más importancia, el derecho a vivir de un ser humano frágil y todavía no-autónomo o el derecho al infanticidio de su madre?

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