Que la mayoría haga algo no significa que éso sea lo correcto. Debería gobernar el más apto, no el más embaucador.
Las noticias que rondan alrededor de España son malas, como siempre. Pero de entre todas ellas destaca la que debería ser un punto de inflexión, pero que ni la mitad de los españoles conocerá: la legalización de Sortu. Y más que la mala noticia en sí, lo peor es el conjunto de consecuencias que conlleva, todas relacionadas con el Tribunal Constitucional, que no es la primera vez que nos sorprende. Resulta que un tribunal cuyos miembros no tienen por qué ser jueces y que son nombrados por los políticos tiene más poder que el Tribunal Supremo, que como indica su nombre, debería ser el órgano judicial más importante. Ésto resume en gran medida lo que pasa en España: la política infecta todos los poderes, y los ciudadanos se entretienen con el pan y circo, o pan y fútbol en estos tiempos.Desconozco en qué tiempos se llegó a la errónea conclusión de que lo que piensa la mayoría es lo mejor, y más si esa mayoría desconoce casi siempre las consecuencias de su voto. En las democracias los cargos de ministros no se les adjudican a los más adecuados para desempeñarlos, como en una empresa, sino a los que engañan a más votantes. Un ejemplo: el Ministro de Industria debería ser alguien que supiese de industria, un ingeniero, por ejemplo, pero en cambio su cargo lo ocupa un político, especializado en escribir discursos y en mentir sin que se note. Estoy seguro que un experto en el sector energético sabría tomar mejores decisiones sobre el sector del carbón en el norte de España que un político que nunca haya salido de los despachos.
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| Democracia vs. tecnocracia |
¿Cómo aplicarlo? Aumentar la edad mínima para votar hasta los 21 años (quien lo escribe tiene 19, y la mayoría de la gente de mi edad debería estar incapacitada para votar), elegir directa y proporcionalmente a los miembros del parlamento (que pongamos que sean 400, en sistema unicameral), que se elijan cada dos años (cuatro son demasiados) y que sí, que nombren al gobierno (como se hace actualmente, sistema denominado parlamentario), pero que escojan a los ministros no de la lista de un partido político, sino de una lista de miembros aptos que se hayan ganado la posibilidad de pertenecer al gobierno mediante los buenos resultados, vaya, como en una empresa, pudiendo ser el primer ministro y viceprimer ministro exmiembros del parlamento. ¿Y las decisiones difíciles y polémicas, como las leyes sobre el aborto, eutanasia, etc.? Pues con referéndum, una costumbre ausente en España y muy sana. Por último os recomiendo estos dos artículos para entenderlo mejor, Yo no creo en la democracia y Tecnocracia.




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6 COMENTARIOS:
A ti no habría que dejarte votar, gordo fascista.
Tus argumentos me han deslumbrado. Si sigues así, llegarás a ser diputado de IU.
joer Alfonso,pues si que le ves llegar lejos ...y el BUENO te acusa de fascista cuando de momento ,ES EL quien ya no dejaría que votaras..XD jajajajajajaj....que paranormal es todo!...
¡Hola, Zadlander!
Tienes razón al afirmar que la mayor parte de la sociedad española no está preparada para la democracia, y vería bien que a cada ciudadano se le valorara si está preparado para votar. Pero en este país de subvencionados, multicultura impuesta y picaresca política, poco se puede hacer para elegir a unos gobernantes legítimos, patriotas y preparados, que es lo único que me gustaría pedir si no es mucho.
¡Saludos!
No creo que no seas democrata, el titulo de la entrada no me parece correcto.
En la democracia no votan todos: hay que ser mayor de edad, tienes que tener la nacionalidad, etc. Solo intentas mejorar la eleccion mediante unos filtros que me parecen muy cabales.
El anónimo palurdo que inaugura los comentarios posiblemente no sea demócrata por ejemplo. Es una presunción claro, tal vez equivocada, pero ese tipo de pensamiento intransigente y ágrafo lo conocemos todos en este país, por desgracia.
@ Señor Ogro:
Tienes razón, pero también estoy desencantado con la democracia, por lo dicho anteriormente, «desconozco en qué tiempos se llegó a la errónea conclusión de que lo que piensa la mayoría es lo mejor, y más si esa mayoría desconoce casi siempre las consecuencias de su voto».