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El principal fin del Estado

Después de siglos de sucesivas constituciones y distintas formas de gobierno, creo que la mayoría de los ciudadanos habéis olvidado cuál es el principal objetivo del estado, su principal fin. LLevamos tanto tiempo metidos en las invenciones contemporáneas económicas, esas que les gusta tanto a los liberales y a los comunistas, que hemos perdido poco a poco el porqué de su creación. Y sí, he dicho liberales y comunistas, porque los dos extremos económicos son igual de materialistas.

Los humanos somos unos seres vivos que por desgracia dependemos de otros humanos para sobrevivir, y digo desgraciadamente porque la dependencia es un síntoma de debilidad, y si alguien no coincide conmigo que repase el concepto de dependencia energética. El caso es que esta dependencia mutua genera una serie de roces entre las actuaciones de distintas personas, y ese es el principal fin del Estado: intervenir en los conflictos entre personas, es decir, aplicar justicia. Y de esa justicia deriva la igualdad.

JUSTICIA E IGUALDAD
Justicia e igualdad
Quien nunca haya tenido problemas económicos dirá que el dinero no proporciona la felicidad. El dinero no es el fin, es la herramienta para solucionar problemas; puede que con dinero uno no sea completamente feliz, de hecho nadie es completamente feliz, pero sin duda ayuda a reparar la mayoría de los problemas. Lo mismo sucede con la igualdad y la libertad, quien no tenga grandes problemas económicos dirá que lo principal es la libertad, libertad para hacer lo que quiera, para poner los salarios que quiera y timar a quien quiera, pero hay mucha gente que no lucha por vivir bien, lucha por sobrevivir, y ve todos los días como el Estado deja de cumplir su principal objetivos, que es impartir justicia, que para éso están las leyes y los tres poderes, todos se centran en ser justos, y el principal derivado de la justicia, la igualdad, se ve sometida por los que, si se aplicase justicia e igualdad, saldrían perdiendo.

1 COMENTARIO:

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Señor Ogro. dijo...

Yo suelo decir que el dinero no da la felicidad, pero que no tenerlo suele producir una enorme tristeza e infelicidad.

La igualdad que debe garantizar el estado no debe ser confundida con el igualitarismo. Todos debemos tener las mismas oportunidades en cuanto a posibilidad de desarrollo, pero no todos debemos ser iguales, porque no lo somos, ni en pensamiento ni en obra.

Y una cosa es la solidaridad, y otra el mantener a legiones de mangutas, gentuza, vagos, vividores, ladrones, caraduras y resto de patuleas varias.