«Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se aleteaba sobre las aguas. [...] Y Dios dijo: "Hágase el hombre a mi imagen, según mi semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo".»
Es así como comienza
La Biblia. Según el
Génesis, en el principio estaba Dios, y creó el mundo, a las personas, a su imagen y semejanza. Y si en el principio solo estaba Dios y la nada, ¿con qué hizo a los hombres, al universo? Lo que os voy a plantear no es algo nuevo; si bien os aseguro que es completamente mía esta teoría, no es más que la unión de varios principios filosóficos ya existentes.
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| Esfera de mercurio |
Imaginaos el principio del universo, la nada, el espacio
infinito. En él solo existe un ente, Dios. Pero no os imaginéis a un Dios con forma humana, hecho de materia, tangible; no. Imaginaos una
esfera compuesta de alma. Y si os preguntáis el porqué de esta forma, muy simple: según
Pitágoras, la forma perfecta es la esfera; es una figura geométrica equilibrada,
simétrica, la forma de los astros... si Dios es
perfecto, ¿qué menos que tenga una forma perfecta, forma esférica? ¿y de qué está hecha esta esfera, de materia? Si Dios fuese material, lo podríamos ver, sentir con los sentidos, algo en lo que se ha esforzado la humanidad, sin llegar a entender que a Dios no se le puede percibir con los sentidos, porque no está hecho de materia; está compuesto de la misma sustancia imperceptible que forma nuestra
alma.
Tenemos la nada, con un Dios de forma esférica, perfecta, y compuesto de una sustancia
inalterable e
inmortal: el alma. Retomando La Biblia, esta dice que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Pero si Dios es perfecto, inmortal, inmaterial, ¿qué parte de nuestro ser se asemeja a Él? Nuestra alma. Pero claro, si lo único que existe es Dios, ¿de dónde saca la sustancia que nos forma? Muy simple: de Él mismo. Volvemos a imaginarnos a esa esfera perfecta que es Dios. Imaginaos que su textura fuese, por ejemplo, como el mercurio o la plastilina. Podemos coger
cachitos de esa gran bola y hacer trocitos más pequeños. Cada uno de esos trocitos, amigo, es el alma de una persona, hecha de la misma sustancia inmortal, imperceptible y perfecta que es Dios, un
Big Bang. ¿No decía acaso Jesús que ayudando a los demás ayudas a Dios?
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| Particiones del alma |
Estas almas se ven atraídas por la gran esfera que es Dios. Para que lo entendáis, al igual que el mercurio cuando cae al suelo, se divide en pequeñas bolitas que se ven atraídas entre sí, Dios ejerce una gran fuerza de atracción, al igual que los imanes o los planetas, que provoca que las almas tiendan a ir hacia Él, a reencontrarse con Dios, porque al estar hechos de la misma sustancia, al ser
cachitos de Él,
todos somos Dios. Por lo tanto, para evitar que estos
cachitos de Dios vuelvan a fusionarse con Él, Dios crea una barrera que los retenga, que los aprisione: la materia, nuestros cuerpos. Aquí mezclamos las teorías de las religiones orientales así como las aportaciones
misticistas de
Santa Teresa de Jesús, que afirmaba que el cuerpo es la prisión de nuestra alma. Como veis comienzan a relacionarse y a tener sentido las cosas. la materia es, por lo tanto, la prisión que impide que nuestra alma vuelva a reunirse con el resto, con Dios. la única forma que existe de aprisionar al alma, que es perfecta, es rodeándola de algo imperfecto: la
materia, que envejece, sufre, tiene defectos y nos inquieta. Evidentemente, nuestras almas no están siempre separadas de Dios. Cuando uno muere, el alma se libera y asciende al cielo, a reunirse con sus seres queridos, con el resto de almas de personas muertas que, al igual que los trozos del mercurio derramado, se vuelven a fusionar con la sustancia inicial, con Dios, alcanzando de nuevo la perfección.
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| Yin y Yang |
¿Y si todos somos parte de Dios, cómo es que hay personas buenas y malas? Volvamos a imaginarnos a esa esfera, compuesta de alma, que tiene propiedades semejantes a las del mercurio pero también a las de la plastilina. Si coges una cantidad de plastilina blanca y la mezclas con la misma cantidad de plastilina negra, te saldrá una esfera perfectamente
equilibrada, con la misma parte de bien que de mal, que se contrarrestan entre sí, ya que sin mal no hay bien (y viceversa), algo que, para que os suene familiar, es igual que las teorías orientales del
Yin y el Yang. Si de esa bola hecha de plastilina blanca y negra cogemos un trozo, este tendrá más plastilina blanca; si cogemos otro trozo, tendrá más plastilina negra. Al igual que con la plastilina, cada trozo de Dios, cada alma, estará formada por unas proporciones distintas de bien y mal, haciéndonos únicos. Pero somos porciones tan pequeñas de Dios que no podemos llegar a reconocer que formamos parte de un todo.
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| Equilibrio perfecto entre el bien y el mal |
Con esta teoría solo quiero relacionar los conocimientos filosóficos con los científicos y religiosos. Por lo tanto podemos obtener como conclusión que Dios es una esfera compuesta de alma, perfecta, equilibrada, inmortal, simétrica, infinita e inalterable. Con pequeñas porciones de esa esfera se formaron las almas de las personas, encerradas en un universo material, evitando así que se vuelvan a reunir con Dios antes de tiempo. ¿Y todo ésto para qué, cuál es el sentido de la vida? Porque Dios, en la soledad del universo, quiso distinguir entre el bien y el mal, y nos creó a nosotros para aprender en la Tierra, y así, una vez muertos, nos pudiésemos reunir con Él para aportarle nuestros conocimientos, para que cuando suceda el Apocalipsis, nos podamos reunir todos con Dios, formando todas nuestras almas esa esfera inicial, de la que se extirpará el mal con nuestros conocimientos adquiridos, para que solo haya bien, paz, porque Dios es el bien. Porque nuestras almas están hechas a partir de Dios, por lo que, en nuestro interior, en realidad, cada uno de nosotros es un
cachito de Dios,
todos somos Dios.
16 COMENTARIOS:
...me gusta...
Me alegro de que no defiendas una interpretación literal del Génesis. Tu teoría es interesante, anda que no habré yo pensado pocas veces alguna que otra teoría sobre la religión...
En lo que no termino de estar de acuerdo es en lo de su "semejanza", por que si Dios es perfecto y el hombre no, no veo ahí ninguna relación, además de que el Dios del Génesis es el dios judío, y evidentemente, los hombres nos dividimos en varias razas.
Usted ha perdido por completo el juicio.
No Carler, no, es la vieja teoría de la gallina.
Lo que ocurre es que Zlander es un genio, y lo explica a su manera. Abre su poderosa mente a territorios inexplorados pero sin dejar de tocar con los pies en el suelo, intuye pero no deja de practicar el antiguo método de la prueba-error, se eleva espiritualmente pero mirando de reojo al sofrito de la cazuela, practica el inspira-espira sin solución de continuidad, es decir respira, y respira intelecto, bonhomía y sensatez, cultura y bondad.
Un científico, sin duda, pero también un humanista.
No en vano Zlander es también un cachito de Dios.
jajajajajajajajaja
Muy buena su intervención, Doloretes.
Las razas no tienen nada que ver con el amor que siente Dios hacia nosotros. Todos somos hijos de Dios, algo que diferencia al cristianismo del judaísmo.
El hombre no es perfecto porque en su interior no existe un equilibrio entre bien y mal, siendo así que haya personas extremadamente buenas (cualquier santo) y otras extremadamente malas (como Jomeini, o Bin Laden)
"y otras extremadamente malas (como Jomeini, o Bin Laden)"
y Franco, Hitler y Mussolini
Y Azaña, y Zapatero, y Stalin, y Lenin y Marx...
Esperemos que no lean este post muchos socios, ya sólo les faltaba saberse dioses...
Para cualquier duda, acudid aquí: Yo soy Dios y tengo un Blog
No compares esto con un retrasado que se burla de Dios y de la religión.
Jeje: era sólo una broma. Y de acuerdo con lo de "retrasado" :-)
Mirad la entrada Dios y patria
Estoy de acuerdo con Zadlander, hace varios días mientras viajaba en autobús pensaba que cada vez somos más como para pensar en teorías de reencarnación y otro tipo de cosas similares, y me imaginé que todo el universo es como una planta gigantesca con múltiples ramificaciones, cada uno de nosotros. Y que toda esta planta es Dios, por lo tanto, todos somos dios, Ojo, todos, no es que cada uno sea dios. Lo cual tiene mucho sentido, a medida que todos nos encontremos más en sincronía con nuestros pensamientos y nuestros actos llegaremos a ser una unidad. Aunque soy creyente no practico ninguna religión, y me gusta esta teoría... increíblemente el pensar que es cierta te hace ser mejor persona. Saludos.
Sobre la existencia de un Dios, que piensa en los humanos, o que tiene que ver algo con los humanos.
Todos estamos influidos por una herencia cultural religiosa. En todas las religiones existe un ente sobrenatural, preferiblemente intangible, superior a todos y obnipresente. También, en la mayoría de las religiones este ser supremo no suele ser adorado directamente. Se recurre al comercio con genios, dioses, santos, vírgenes, ángeles, en definitiva, la religiosidad se centra en los intermediarios menores que a ojos del creyente resultan más accesibles y dados a satisfacer peticiones que no un Dios que está en todas partes, pero que nunca se manifiesta. O si lo hace, lo es por medio de entes de menor importancia.
Esto nos lleva a una creencia antropomórfica y egocéntrica de la divinidad.
Pero el número de estrellas en esta galáxia es de varios cientos de miles de millones. Y el número de galáxias es también de miles de millones. E incluso se especula con varios universos...
En fin, cada cual verá qué resulta de pensar en esto y si realmente somos, nosotros, o nuestra experiencia, importante para algo o alguien.